jueves, 14 de marzo de 2013

Atentos: ha tenido un mal día

Hay días de esos en los que te acuestas con la sensación de las cosas bien hechas, con satisfacción. Te vas a la cama cansada pero serena. Has tenido un buen día. Pero hay veces que sucede lo contrario. Alguna cosita no ha salido como esperabas y, como buena fémina, eres capaz de no cerrar ojo porque no me digas que no nos cuesta a nosotras desdramatizar las cosas. Para tener un buen día no hace falta que te toque la lotería. Tan sencillo como hacer bien tu trabajo, llegar a tiempo a recoger a tus hijos, no tener tropiezos con el jefe o los colegas. Recibir un beso de tu pareja, o las sonrisas de tus hijos. Que se coman la cena que has preparado, o que los deberes salgan a la primera, que no se peleen entre hermanos, que has logrado reducir tu cesta de ropa para planchar o que has conseguido escaparte, ¡por fin¡ a la pelu. Cada cual tiene sus propias razones pero, por lo general, los buenos días nos pasan desapercibidos.
"Mamá, que sepas que hoy he tenido un día horrible" y mi pequeña Pitagorina se amodorró en el sofá mientras yo pensaba qué podía ser tan horrible en el día de una niña de ocho años. Tengo suerte, porque Pitagorina, si algo tiene, es que no calla ni dormida y aunque se resista no puede evitar contarnos qué ha pasado. Sí. Nuestros hijos también tienen esos días difíciles y ya desde bien chiquitos: se han peleado con su amiguito, una voz subida de tono del profesor, un problema mal resuelto en la pizarra, perder un partido de fútbol, tropezar y recibir las risas de los compis o que mamá te haya puesto un bocadillo enorme relleno de algo que no te gusta mientras su amigo debora uno riquísimo de nocilla. A saber, y mil cosas más.
Ilustración: Ellina Ellis
No debemos infravalorar sus "problemas". Es más, debemos estar atentos y ser capaces de escuchar y ver mucho más allá. Lo fácil es que te digan lo que les pasa, que te lo cuenten tal cual y que puedas reconfortarlos y ayudarles a buscar una solución. Pero no siempre es así. Y aunque no hablen, te están llamando a gritos: un pipí que se escapa así de pronto y de forma reiterada, dejar de comer o no querer ir al cole o volverse de repente un boxeador y encontrarte con que recibes quejas de su profesor o de los padres de todos sus amigos. ¿Qué está pasando?. Debemos estar atentos y escuchar a nuestros hijos. Cuando mis hijas eran más pequeñas, yo solía agacharme para escucharlas atentamente y desde su misma altura. A veces, sin darnos cuentas, como van creciendo y se duchan y comen solos y se atan los zapatos y estudian geografía, nos olvidamos de que siguen siendo niños, nos olvidamos de ponernos a su altura.
Tan preocupados como estamos porque "sean" y "hagan": sean los mejores en el cole, en el campo de fútbol, sean los más listos y los más guapos, las más educadas; hagan los deberes, hagan la cama, recojan su plato, ordenen su habitación. Todo el día exigiendo a esos pequeños que crezcan rápido y de forma responsable. No te olvides de abrazarle, de sentarte a pintar con ellos, de leerles un cuento, de reirte con ellos, que "sientan" que son niños y que tú estás ahí pase lo que pase. Que por muy malo que haya sido su día, pueden encontrar tu regazo.

domingo, 10 de marzo de 2013

Crema de calabacín y crujiente de berenjena


Mamá siempre dice que la cocina require tiempo, mimo y mucho amor. Será por falta de tiempo que ahora no cocinamos como antaño y los guisos de la abuela y las comidas caseras andan tan revalorizados. Un fin de semana lluvioso me parece de lo más adecuado para aplicar tiempo, mimo y cariño a los fogones. 
Aburridas de hacer siempre lo mismo, ayer la pequeña Pizpireta (heredera absoluta de las habilidades culinarias de su abuela) y la que aquí os escribe, nos pusimos a elaborar una deliciosa y original crema de calabacín con crujiente de berenjena. No me resisto a pasaros la receta.

Crema de calabacín y crujiente de berenjena

Ingredientes: dos puerros, un calabacín, una berenjena, un vasito de vino blanco, dos cucharadas de harina, una cucharada de maicena, 1/2 l de caldo de verduras, 1/4 de leche, 150 ml de nata líquida para cocinar, sal, pimienta, aceite de oliva y unos tallos de cebollino.

La receta: Limpia, lava y pica los puerros, la patata y el calabacín. Sofríe todo unos minutos en una par de cucharadas de aceite de oliva. Vierte el vasito de vino blanco y déjalo evaporar. Añade el caldo, salpimenta y cuece 20 minutos.
Tritura, anade la leche y la nata, lleva a ebullición y rectifica de sal.

Y ahora la berenjena: Mezcla la harina con la maizena y 7 u 8 cucharadas de agua. Lava la berenjena, pélala y córtala en bastoncitos. Pásalos por este rebozado y dóralos en abundante aceite, bien caliente. Sírvelos acompañando y decorando la crema espolvoreada con el cebollino picado y lavado.

Deliciosa

sábado, 9 de marzo de 2013

viernes, 8 de marzo de 2013

Mujer de fuerza incalculable



ilustración:  Gooroovoo
Felicidades porque eres preciosa con todas tus imperfecciones. Con el pelo revuelto, la cara lavada, con tres kilos de más. Felicidades porque te quitas el sueño y te desatiendes sin pensarlo para cuidar de tus hijos, para preocuparte por tus hermanos, para atender a tus padres. Felicidades, a ti que mimas el alma de tus amigas, socorres a tus vecinos y tienes tiempo para presentar un informe impecable. Tú, que trabajas a turnos, tú, que has perdido tu empleo. Tú, compañera, que te desgastas cada día dando lo mejor de ti a todos los tuyos. Tanto si sales fuera o te quedas dentro a trabajar. Sé de tus renuncias por ser tú. Si tienes hijos, o no los tienes. Si vas descubierta o vives detrás de un velo, si vas a la moda o caminas descalza. Te miro, te creo, te siento y te respeto. Mujer de fuerza incalculable, tu vientre mantiene la tierra, eres el sol que la protege. Eres una maravilla.

lunes, 4 de marzo de 2013

Tiempo para educar

Ilustración: Mónica Carretero
Cuando lo que aprendimos se olvida, lo que sobrevive es la Educación. La frase no es mía, es de Frederic Skinner. "Mami, la vida en tercero es complicada, últimamente se me reduce a estudiar y hacer los deberes". La frase tampoco es mía, es de mi hija mayor, Pitagorina, mientras apuraba su desayuno de esta mañana. "Y lo que te queda corazón", le he dicho. 
Así de pronto, tú, querida mamá o papá que como yo creías haber dejado de estudiar, te das cuenta de que debes ponerte al día porque no recuerdas las constelaciones, tienes que repasar las divisiones y quebrados y recordar todos y cada uno de los músculos que tenemos en el cuerpo, entre otras cosas.
Considero que los papás de las hadas, nos implicamos y mucho en su formación y está comprobado que cuando es así, los resultados académicos de los niños son mejores, con independencia de la escuela a la que asisten, dando igual que sea pública o privada. Sin embargo, nos falta tiempo. A la mayoría de los papis nos falta tiempo. Me gustaría que mis hijas no estudiaran memorizando por sacar un tema adelante en la evauluación de la semana, que también. Lo que me gustaría es que entre todos, maestros y padres, les ayudemos a despertar su curiosidad, sus ganas de aprender más sobre aquello que ahora descubren. Soy una ferviente defensora de los deberes cuando éstos sirven para reforzar lo que el maestro explica en clase. Pero, ¿hacemos las cosas bien? y me hago esa pregunta a mi también. Muchas veces siento que pasamos la tarde entre tareas y actividades, con horarios marcados ya desde muy pequeños. Nos falta tiempo para jugar, vital, para sentarnos a merendar sin prisas y  escucharnos sobre las cosas que nos han pasado en el día. Bueno, paseantes, ustedes me perdonen. Es lunes y me gustaría tener más horas, más momentos como los que nos regala el fin de semana. Como bien ilustra Mónica Carretero, debemos continuar con la vida.