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miércoles, 7 de marzo de 2012

El molde de las galletas no es para tus hijos


La estrategia del molde de las galletas no es valida para nuestros hijos. Eso lo tengo clarísimo. Cuando Pitagorina y Pizpireta no eran más que dos bebés yo acumulaba grandes proyectos para ellas y la clara certeza de ofrecer a ambas las mismas oportunidades. A medida que van creciendo me doy cuenta de que eso no es del todo factible. Me explico: en la medida de lo posible les ofreceré iguales oportunidades pero con seguridad que por caminos distintos.

dibujo: Daniela Martínez
Lo que inspira a un niño puede desanimar a otro. Nuestros hijos son únicos y diferentes. Estoy convencida de que la artista de mi familia es mi hija pequeña. Podría decorar las paredes de casa con sus alegres, vitales y coloristas dibujos. Mirad qué retrato me hizo ayer en un pispas. Si papá pinta una habitación, ella es la primera en coger la brocha, si hay que arreglar algo “yo te ayudo mamá”. Sus regalos preferidos han sido una caja de herramientas y una caja de pinturas “de profesional, mami” porque como bien decía no hace tanto “yo de mayor quiero ser pinturera”.

Pitagorina detesta pintar, ella prefiere zambullirse en un libro u observar la naturaleza y adoptar bichos. Igual le hace una casa a una mariquita que le da de comer a una lagartija para desesperación mía que tengo pánico a todo eso pequeño que se mueve.

Ahora son pequeñas pero apuntan maneras, tendré que seguir observándolas y escuchándolas, valorando sus cualidades y respetando sus diferencias. Se van construyendo en mi casa dos personitas, paso a paso, cada día.





miércoles, 28 de septiembre de 2011

¿LOS QUIERES IGUAL?


Conviven dos hadas en mi casa. La hada pizpireta se ha posado sobre mi hija pequeña y la hada pitagorina y despistada ha desplegado sus alas sobre mi hija mayor. A cual más diferente, a cuál más quiero yo. Sólo 18 meses separan a mis hijas, se están criando y educando igual, con el mismo amor, con los mismos valores, con los mismos límites, con sus síes y sus noes.


Comparten el incondicional cariño de sus padres y juntas se protegen si la trastada ha sido sublime y se avecina tormenta. Se adoran. Una es el día y otra es la noche, la nobleza y la picaresca. Con una te tronchas con la otra te emocionas. Siendo más pequeñas, pitagorina se embobaba con la sirenita mientras pizpireta sólo quería ver Madagascar. Cuando se levantan, sus camas lo dicen todo: en una pareciera que no ha dormido nadie, intacta, en la otra te planteas que batalla campal se desarrolló allí por la noche. Pitagorina y Pizpireta se debaten entre los libros de Tea Stilton y las plastilinas, colores y carboncillos.


Algo habrá tenido que ver el orden de nacimiento, el lugar que ocupas en la familia. Contrastado está que es así, que nacer primero o ser el pequeño, ser niño o niña o ser el mediano condiciona tu personalidad y marca tu carácter. A pitagorina le hervía yo el chupete a la primera de cambio o corría al pediatra a la primera erupción. Todavía hoy, si tose, llamo al médico. Baby einstein, música clásica para dormir y cuentos a diestro y siniestro. Con pizpireta, ya con menos tiempo, si se ha caído el chupete pues un soplido y a la boca, si ha habido fiebre pues Dalsy al canto. No sé si me explico. Tan diferentes las dos que pese a que siempre estamos juntas, intento buscarles su espacio personal, darles su tiempo.


El otro día hablaba de esto mismo con mi amiga Vicky, mamá de familia numerosa con tres niñas y un niño. “La que más me preocupa es la tercera: no es la mayor, no es la pequeña y tampoco es el niño”. Recuerdo que yo una vez le pregunté a mi madre que a quién quería más, a mi hermana o a mí y me contestó con la siguiente pregunta: “¿Te duele si te cortas el dedo pulgar?”,claro contesté yo y ella volvió a preguntar “ ¿Te duele si te cortas el dedo índice o el corazón?”. Igual mamá contesté yo. Pues ahí está. Igual.