Dormidas ya más bien tarde anoche, fui recogiendo las horquillas, el maquillaje, sus vestidos y lazos, zapatos y zapatillas, en fin, toda la marabunta que mis chicas y yo dejamos en el baño para salir anoche arregladas para la ocasión. Si algo me había emocionado, repasaba en pensamientos mientras ordenaba, había sido la despedida de los alumnos de cuarto de la ESO que dejan este año su cole de toda la vida. Sus abrazos emocionados, su manteo a profesores, sus lágrimas pero también su ilusión, el saber que ahora empiezan ellos, que sueltan la mano de quien les ha enseñado y guiado tanto tiempo. No sé si me explico.
Me miré al espejo y me vi a mi misma unos cuantos años atrás. ¡Qué maravillosos años¡. Esos en los que tienes todo por hacer, mil caminos por escoger, ese momento en el que te das cuenta de que has crecido y valoras todo lo que dejas atrás. Arropé a mis hijas que dormían plácidamente y me senté en su cama. No tengo ni idea de si finalmente, según sus proyectos actuales, serán mañana veterinarias, ingenieras o “pintureras, mami”. Pero agradezco que junto a nosotros sus padres, crezcan felices rodeadas de sus amigos, de buenos maestros y de su cole que las arropa y las ve crecer. Desde aquí mi más sincero agradecimiento a los profesores y maestros que nos ayudaron a crecer, a ser y a los que hoy acompañan a nuestros hijos. Feliz verano.
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