martes, 9 de octubre de 2012

Demasiadas cosas a la vez o colgada de las nubes

Ilustración: Mara Cerri

No creo que sean cosas de la edad, todavía me paseo en la trentena pero empiezo a plantearme que, una, o hago demasiadas cosas a la vez mientras pienso otras tantas  simultáneamente o, dos, llevo unos días subida a las nubes y obstinada en quedarme en ellas. 

¿Dónde están las llaves?, es ya un clásico en mi diálogo diario. Aunque me digo a mi misma que debo dejarlas en el mismo sitio, al final nunca suelen llegar a su destino. La última vez que las vi, creo que quise cogerlas al mismo tiempo que sacaba las bolsas de la compra del coche, sujetaba la mochila de Pizpireta, aguantaba la puerta para que nadie se pillara los dedos y dejaba rodar calle abajo el pan recién comprado.

 Dos días después las llaves no aparecían en ninguno de los sitios posibles. Esta tarde un ciclista senior le ha preguntado a mis vecinos por el propietario de unas llaves que había encontrado tiradas en la calle. Las mias, Of course (por supuesto). 
Tampoco es para tanto, no. Claro que si ya lo que no encuentras es la carga del teléfono y esta aparece en el cajón del congelador si que es para sentarse un rato a pensar. A veces también me sucede que guardo las cosas importantes para que no se pierdan y me esmero tanto en hacerlo que luego no recuerdo el lugar en el que decidí ponerlas.
Mis hijas también son despistadas un rato. Lo peor es que me escucho a mi misma recriminándoles estar más pendientes de sus cosas. ¡Tendré valor!.



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