“La Paz sobre la tierra empieza
en el vientre de la madre”, afirma rotunda la escritora brasileña Evania
Reichert que anda estos días por España promocionando su libro Infancia, la edad sagrada (Ediciones La
Llave). Hace tiempo que no cae en mis manos un libro sobre crianza, los leí
y mucho cuando nació Pitagorina y así devoré los más que conocidos Bésame
mucho, Qué esperar cuando se está esperando, Doctor Spock, mi niño no me come,
no me duerme, etc. De todos ellos saqué mis propias conclusiones, con unos
estaba más de acuerdo que con otros y, al final, como siempre digo, a ser madre
te enseñan tus hijos. Pero en líneas generales, si me preguntas, yo defiendo
cien por cien la crianza con apego, es que no la concibo de otra manera.martes, 27 de marzo de 2012
Infancia, La Edad Sagrada
“La Paz sobre la tierra empieza
en el vientre de la madre”, afirma rotunda la escritora brasileña Evania
Reichert que anda estos días por España promocionando su libro Infancia, la edad sagrada (Ediciones La
Llave). Hace tiempo que no cae en mis manos un libro sobre crianza, los leí
y mucho cuando nació Pitagorina y así devoré los más que conocidos Bésame
mucho, Qué esperar cuando se está esperando, Doctor Spock, mi niño no me come,
no me duerme, etc. De todos ellos saqué mis propias conclusiones, con unos
estaba más de acuerdo que con otros y, al final, como siempre digo, a ser madre
te enseñan tus hijos. Pero en líneas generales, si me preguntas, yo defiendo
cien por cien la crianza con apego, es que no la concibo de otra manera.lunes, 26 de septiembre de 2011
BESALE MUCHO
Mi pequeña, de cinco años, ya no quiere que la acompañe a la puerta de clase. “Soy muy mayor mami”, ha dicho esta mañana con toda la seriedad que puede tenerse a su edad. Cómo pasa el tiempo. Parece que era ayer que tenía dos bebés en casa e inexperta y curiosa leía todo lo referente a maternidad, educación, lactancia y demás que caía en mis manos. Luego te das cuenta que a ser madre te enseñan tus hijos. De todas formas yo he sido más de la escuela carlosgonzista que estivillista, vamos, más de la teoría del bésame mucho que del duérmete niño. Menos mal que me he hartado de dormir en brazos a mis niñas por el placer de sentirlas junto a mí, que las he tenido en brazos cuando no querían caminar, que las he subido escaleras arriba a la cama cargadas a caballito en mi espalda. Menos mal, digo, porque como alguien dijo: “los días pasan lentamente pero los años lo hacen rapidísimo” y llega un día que tu hijo/a te mira, te sonríe, suelta tu mano y se lanza al mundo.